Mi primer triatlón.

01

El sábado, víspera de la prueba, apenas dormí. Llevaba ya toda la semana durmiendo muy poco, me costaba, fruto de la tensión y de los nervios. Además el lunes tenía una infección en la boca que me obligó a medicarme con antibiótico: eso provocó que mi aparato digestivo se resintiera y acabé con diarrea. O igual también fueron los nervios.

Con poco descanso y peligro de deshidratación. Así estaba yo el sábado. De estar plenamente convencido de que mi primer triatlón me iba a salir muy bien a que se iba todo al garete. A todo esto había que añadir que la semana en Vitoria fue de pleno otoño tirando a invierno: cielos cubiertos, lloviendo, viento norte y con temperaturas sobre los quince grados. Para el domingo estaba pronosticado buen tiempo aunque ya no las tenía todas conmigo visto como salió la víspera.

Por la tarde tuvimos que llevar la bicicleta, el casco y el traje de neopreno al pantano de Ullibarri, lugar de inicio de la prueba. Allí me encontré a la cuñada de mi hermano. Es enfermera del hospital psiquiátrico de Álava. Charlando con ella le conté todos mis “males” y me dijo que no me preocupara, que me iba a facilitar una pastilla que me permitiría dormir como un niño.

Automáticamente cambió mi humor, desaparecieron las molestias intestinales y me quedé mucho más relajado. Cené pronto, me tomé la pastilla y a dormir.

El despertador sonó a las cinco de la mañana. Me desperté relajado y descansado. Empecé mi rutina: unos estiramientos, unos abdominales, al baño y un desayuno potente. Aunque todavía no había amanecido del todo, el día venía brillante. Bueno, me dije, la cosa empieza bien.

A las seis y media de la mañana nos recogió un autobús para llevarnos al pantano. Llegamos con suficiente tiempo: la salida estaba pronosticada para las ocho y cuarto. Así que tuve tiempo para pasear, seguir hidratándome y ponerme tranquilamente el traje de neopreno y dejar preparado el resto de material para la transición al ciclismo.

resizer.php

La salida fue escalonada: primero fueron los élite, luego las féminas y, por último el resto, es decir, mi grupo. Hubo un pequeño retraso y a las ocho y veinticinco empezó la aventura.

Y empezó mal. Con tanta gente hubo patadas, empujones, manotazos… Tanto chapoteo me hizo tragar agua y me entró un ataque de pánico, tanto que estuve a punto de volverme para la orilla. Traté de tranquilizarme. Para ello decidí nadar unos minutos a braza y ya cuando me relajé un poco volví a cambiar al estilo crol.

Nadar con neopreno tiene la ventaja de que la flotabilidad es mayor. Esa ventaja la aprovechan más los que tienen menos destreza nadando, o sea, yo. Tenía calculado una diferencia de quince segundos cada cien metros, lo cual no es moco de pavo ya que supone casi cinco minutos en los 1,9 kms que tenía que nadar.

02

Por fin salí del agua. Me había quitado el sector que menos dominaba y menos me gustaba. Me dirigí a mi puesto sin correr, andando ligero para recuperar el resuello. Me quité el neopreno, lo guardé, me sequé los pies con una toalla, me coloqué los calcetines y las zapatillas de ciclismo. Un triatleta profesional acostumbra a pedalear sin calcetines y las zapatillas ya las tiene en las calas de la bicicleta para perder el menor tiempo posible.

Acabé de prepararme: me ajusté el casco, las gafas, el portadorsal con mis geles y a la bici. Seguí sin correr, preferí montarme en la bicicleta sin llegar asfixiado. Cuando ya me monté, vi en mi ciclocomputador, que habían transcurrido 45 minutos desde que empecé, exactamente lo que había calculado, lo cual me sorprendió por los problemas que había tenido al inicio.

El sol ya calentaba y el viento era casi inexistente. El tritraje estaba mojado pero le costó poco secarse. Adopté un buen ritmo de pedaleo, movía el desarrollo con facilidad, la velocidad oscilaba entre los 35 y los 40 kilómetros por hora. Ahora era cuando estaba disfrutando de lo lindo: estaba en el sector que mejor domino.

Adelanté a bastante corredores, me puse la disciplina de ir bebiendo y comiendo con frecuencia: los años te enseñan que olvidarse de comer y, sobre todo, de hidratarse lleva consecuencias fatales. A mitad de carrera empecé a tener unas ligeras molestias en la zona de los cuádriceps, un dolor muy poco habitual cuando se pedalea. Pero tenía una explicación: un problema mecánico. Se me inclinó el sillín hacia abajo y eso provocó que pedaleara más bajo y más adelantado.

Tras los 94,3 kilómetros en que constaba el sector y tras 2 horas y 45 minutos llegué a la calle Olaguibel donde estaba la siguiente transición. Un miembro de la organización me recogió la bici y yo me dirigí a mi puesto para calzarme las zapatillas de correr. Me puse también una gorra porque el sol ya castigaba y repuse los geles que había consumido en el sector ciclista.

DSC_0146

Nada más empezar el sector carrera vi que el dolor que tenía en los cuádriceps era bastante fuerte. Temí que no iba a poder acabar la carrera. Aun así empecé con buen ritmo, los primeros kilómetros los hice a un ritmo de cuatro minutos y medio.

Pero el dolor iba a más, así que me obligué a bajar el ritmo y a acortar la zancada para minimizar riesgos. En los puestos de avituallamiento pedía plátanos y agua. Estaba harto de las bebidas energéticas.

El circuito constaba de dos vueltas por la ciudad. La organización diseño para esta edición un recorrido muy bonito y además por zonas de sombra, lo cual fue de agradecer porque el sol apretaba. A pesar de los dolores la primera vuelta la realicé bastante bien pero la segunda la cosa ya cambió: a duras penas conseguía mantener un ritmo de cinco minutos el kilómetro y gracias a que durante todo el recorrido el público te iba animando logré acabarlo.

Crucé la meta tras 1 hora y 44 minutos. Levanté los puños con rabia. ¡Lo conseguí! El director de la prueba y buen amigo mío, Íñigo Blanco, vino a felicitarme, me acercó una silla para que me sentara y me trajo un botellín de agua y un par de plátanos. El me hablaba pero yo no le oía. Se me caían las lágrimas. ¡Lo conseguí!

Esta es la crónica de un día que fue especial para mí. No quiero acabarla sin decir que si lo he conseguido es gracias a una persona que ha estado conmigo antes, durante y después.

Gracias a ti, Ana.

Captura de pantalla 2014-07-14 a la(s) 10.51.27

Publicado en Uncategorized | 18 comentarios

Y, este domingo, el Triatlón de Vitoria.

TRI

Participaré en la modalidad Half (1,9 kms. natación – 94,3 kms. ciclismo – 21 kms. carrera).

Si os apetece en la web www.triathlonvitoria.com podéis consultar el tiempo de paso de los triatletas en tiempo real.

Los puntos de control son:

  • Entrada a la Transición 1- Natación
  • Salida de Transición 1- Tiempo de transición
  • Portal de Zurbano – Ofrece tiempo de paso de vuelta. 2 controles de paso de HALF, 3 controles en IRON
  • Entrada Transición 2 – Ofrece tiempo total de ciclismo
  • Salida Transición 2- Tiempo transición 2
  • Paseo de Cervantes – Vuelta de Carrera a pie – 2 controles de paso de HALF, 4 controles en IRON
  • Meta

TRI

 

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

Luchon-Bayona. Homenaje a Lapize.

Image

Aunque la leyenda del Tour de Francia empezó a fraguarse en 1903, la alta montaña no llegó hasta siete años más tarde. En la edición de 1905 ya tuvo su primera toma de contacto con la media montaña, en la ascensión al Balón de Alsacia y los organizadores se dieron cuenta que este tipo de etapas eran las que más concentraban al público aficionado. Cinco años más tarde quisieron darle una vuelta de tuerca y pusieron los ojos en el sur del país, los Pirineos.

Henry Desgranges, director del Tour y del periódico organizador, l’Auto, reunió en la primavera de 1910 a sus colaboradores para decidir nuevos escenarios que aumentasen todavía más el interés por la carrera. Su colaborador y periodista Alphonse Steinès propuso que la carrera cruzara por los Pirineos, en aquella época una zona deshabitada, inhóspita, con carreteras en estado ruinoso y con osos campando a sus anchas por las cimas.

Desgranges se negó en redondo al principio, pero finalmente accedió a condición de que Steinès fuera capaz de recorrer, en coche, todo el recorrido de la futura etapa.

El Peyresourde y el Aspin los pudo atravesar sin problemas y para el Aubisque consiguió un compromiso económico de Desgranges para condicionar la carretera. Los nativos del lugar le avisaron de que se quitara de la cabeza el Tourmalet, completamente impracticable, pero Steinès, testarudo, alquiló un coche con conductor y se propuso cruzar por el collado del Tourmalet, de Sainte Marie de Campan a Barèges.

En primavera, la cima del Tourmalet estaba completamente cubierta por la nieve. El chofer, asustado por el hielo de la carretera, a cuatro kilómetros de la cima se negó a continuar. Steinès no se amilanó y, a pesar de que caía la noche, continuó su camino a pie.

El sol se ponía en el valle cuando, agotado y solo, alcanzaba los 2115 metros del puerto. Sin entretenerse, empezó el descenso hacia Barèges.

Imaginen el silencio, el crepitar de la nieve que cubre las rodillas, el frío, la sospecha de los osos al acecho, la oscuridad, los barrancos escondidos, el pavor de un parisino perdido a 2.000 metros de altura en un territorio desconocido y salvaje.

Después de unas horas descendiendo a ciegas, muerto de frío y de cansancio, una batida organizada por el chofer lo encontró, desfallecido, cerca de cerca del pueblo de Barèges. Eran las tres de la mañana. Pero Steinès era un loco del Tour.

La mañana siguiente, sin falta, envió un telegrama a Desgranges para ponerle al caso de la situación: “Pasado el Tourmalet. Ruta en buen estado. Perfectamente practicable. Steinès”.

El 21 de julio de 1910 se disputó la décima etapa del Tour de Francia, Luchon-Bayona de 327 kilómetros con los puertos del Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Aubisque y Osquich.

Octave Lapize, a la postre ganador de ese Tour, atacó como un loco justo después de la salida. A su rueda se llevó a dos corredores, Garrigou y Lafourcade. Los tres fueron subiendo y bajando juntos cada uno de los puertos de ese territorio salvaje y desconocido hasta el pie del terrorífico Aubisque. Ahí Lapize y Garrigou, agotados, se vinieron abajo y no pudieron evitar que Lafourcade les cogiera ventaja.

Dando tumbos, a golpe de riñón y subiendo a pié en muchos tramos, Lapize pudo coronar la cima al borde de la asfixia con catorce minutos de retraso. En la cima había un miembro de la organización controlando el paso de los corredores. Lapize lo miró con odio, tiró la bicicleta al suelo y a grandes zancadas fue a enfrentarse a él. Lo cogió por las solapas, acumuló aire en sus pulmones fatigados y a un palmo de sus narices le escupió: ¡Asesinos, son ustedes unos asesinos! Pero Lapize acabó los 177 kilómetros de etapa que quedaban.

Se recuperó, cazó a Lafourcade y ganó en Bayona. El resto de corredores fueron llegando en cuentagotas durante horas, en un estado tal que a algunos había que llevar en brazos a los albergues.

Octave Lapize tenía 29 años cuando cayó en el frente de Verdún el 14 de julio de 1917. El sargento Lapize recibió cinco balazos en el cuerpo mientras pilotaba su avión, que llevaba dibujado un gallo en el fuselaje y un enorme número cuatro, en recuerdo del dorsal que exhibió en 1910.

La sociedad deportiva Aviron Bayonnais organiza cada dos años una marcha cicloturista en homenaje a esta etapa. La edición de este año será el próximo fin de semana, 28-29 de junio. Aunque algunos cicloturistas se atreven a realizar los 325 kilómetros de un tirón, la mayoría prefiere realizarlo en dos etapas, el sábado y el domingo.

Para esta edición nos hemos animado un grupo de chalados. El sábado haremos el sector de Bagneres-de-Luchon a Oloron St. Marie y el domingo el sector hasta Bayona.

Recen todo lo que sepan.

 

Image

El Recorrido.

Image

Perfil de la primera etapa.

Image

Perfil de la segunda etapa.

 

Publicado en Uncategorized | 25 comentarios